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	<title>Blog@TalitaCumi.net &#187; Uncategorized</title>
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		<title>Recordemos a Haití</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Mar 2009 20:56:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Edwin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[“La discriminación de los negros está presente en cada momento de sus vidas para recordarles que la inferioridad es una mentira que sólo acepta como verdadera la sociedad que los domina.”
&#8211; Martin Luther King Jr.
Hoy no recordemos Haití con lástima, con el nudo en la garganta que provoca pensar en sus años de abandono, pobreza [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>“La discriminación de los negros está presente en cada momento de sus vidas para recordarles que la inferioridad es una mentira que sólo acepta como verdadera la sociedad que los domina.”<br />
&#8211; Martin Luther King Jr.</em></p>
<p>Hoy no recordemos Haití con lástima, con el nudo en la garganta que provoca pensar en sus años de abandono, pobreza y miseria. Quiero recordar el día que el mundo ha olvidado, el día que las naciones borraron del calendario y tardaron décadas en concebir y aceptar. Ese día que llenan de esperanza el corazón al ver que los desvalidos y desventajados pueden ser los instrumentos de su auto desarrollo y liberación. </p>
<p>Haití nos recuerda el día que el mundo no estaba listo para vivir, el día que los negros le perdieran miedo al látigo y se convirtieron en estrategas militares, políticos de una de las colonias más productivas de su momento. Ni siquiera los abolicionistas blancos, dentro de sus prejuicios contextuales, podían concebir la idea de que un grupo de esclavos pudiera conseguir, no solo la abolición, si no la independencia total y definitiva de un golpe y sin ayuda. No cabe duda que el azote brutal de la esclavitud y el coloniaje latigó tan fuerte a los esclavos haitianos que los adelantó en la historia con un ideal revolucionario que no se limitaba a las costas de la isla.</p>
<p>Lamentablemente el resto del mundo continuaba sumergido en el vicio del poder acaramelado entre azúcar y sangre, y ni aún Bartolomé de las Casas pudo entender con claridad la humanidad que habitaba debajo de la obscura piel del africano. Como si para el obispo la menos obscura piel del indio fuera indicativa de mayor humanidad. ¡Santo de su tiempo! Hijo de la historia.<br />
<span id="more-27"></span><br />
La historia nos muestra la ambigüedad moral de los colonos poderosos y también de los humanistas blancos. Atemperados por su tiempo, no veían la humanidad del negro y lo comparaban con bestias en necesidad de doma o seres humanos en otro nivel de humanidad. Lo cierto es que no es positivo pensar que la maldad o bondad, la violencia o victimización se localizan en el color de la piel o la nacionalidad. La historia de la humanidad nos muestra que más allá de las apariencias o creencias, el poder tiene una particular tendencia a destruir la empatía y a promover el discrimen. “El poder corrompe, pero la falta de poder corrompe absolutamente.” (Stevenson Adlai Ewing) Los poderosos ganaron la batalla de las letras, ignorando en la historia y los recuerdos el evento liberador y abolicionista haitiano. No había ningún blanco de quien escribir o por el cual sentirse orgulloso, además de la vergüenza, “las bestias” le ganan a los civilizados.</p>
<p>No es justo ni razonable juzgar la moral un tiempo desde el lente moral de otra época. Lo que nos interpela este recuerdo olvidado es buscar en la memoria nuestras propias ambivalencias. Las áreas en las que nos hemos creído salvadores y salvadoras de los insalvables. Como educadores podemos  sumergirnos en la idea de que no hay potencial en aquellos “alumnos” (sin luz) que pretendemos iluminar con nuestro conocimiento y experiencia.  En estos días recordemos a Haití y nos podremos sorprender del gran potencial que puede haber en el alma de quien se siente dueño de sí mismo y empoderado para luchar, construir y levantar.</p>
<p>También hace falta recordar los momentos en los que hemos sido victimizados, atesorar tales recuerdos para que nunca cometamos el mismo crimen. Tenemos que recordar para llevar en nuestros corazones la esperanza, seguridad y la osadía de que podemos alcanzar lo que no se espera de nosotros. Es momento de derrotar el pesimismo post-moderno con la esperanza bíblica, esperanza que se ve en la historia y en la vida.</p>
<p>Borrar de nuestros libros o nuestros recuerdos las historias que nos parecen vergonzosas nos llevarán a ver nubladamente el presente y a realizar juicios erróneos de la situación actual que vivimos. Lamentablemente no hay que leer de historias muy lejanas en el tiempo o recurrir a la ciencia racista o para escuchar sobre la inferioridad del negro cuando hace unos años un senador puertorriqueño presentaba proyectos basados en la fortaleza física y aptitud deportiva del negro  a la misma vez que lo descalificaba en la preferencia de adopciones.  Sería interesante saber con cuantos votos de negros el senador llegó hasta su cargo.</p>
<p>Sin embargo, hay que ver la historia con esperanza de una madurez humanitaria.  Aunque lenta y muchas veces injusta poco a poco se va abriendo paso al Reino de Dios, muchas veces por senderos misteriosos e inciertos como la revolución de Haití y el asiento de Rosa Park. Ayer y hoy la diversidad continúa diciendo vasta y exigiendo el trato igualitario, escalando a fuerza de pulmón su lugar en el mundo, con la ayuda de Dios.</p>
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		<title>Educación Cristiana Misionera</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Mar 2009 20:43:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Edwin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[“… una innumerable hueste de cristianos, llevados por motivos muy sinceros y por un innegable amor al resto de la humanidad, se lanzó a la tarea de evangelizar al mundo, precisamente en la época en que otros se dedicaban a explotarlo…”    &#8212; Dr. Justo González
El pensamiento postmodernista que inevitablemente dirige, en grande [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“… una innumerable hueste de cristianos, llevados por motivos muy sinceros y por un innegable amor al resto de la humanidad, se lanzó a la tarea de evangelizar al mundo, precisamente en la época en que otros se dedicaban a explotarlo…”    &#8212; Dr. Justo González</p>
<p>El pensamiento postmodernista que inevitablemente dirige, en grande o pequeña medida, nuestra manera de pensar nos hace cuestionarnos con sospecha cada acción pasada de la iglesia, usualmente juzgándola como culpable y cómplice de los terroríficos actos de la humanidad en la historia. Al acercarnos a los libros de historia de la iglesia con un lente menos “enjuiciador” y más amplio, nos damos cuenta que la cruel historia de la humanidad ha sido iluminada por algunos actos de la iglesia. Sazonada con compasión e iluminada con disposición, la historia de la humanidad ha sido cómplice del plan del Señor para con la humanidad, aunque esta no siempre sea voluntad de Dios.</p>
<p>Cuando reflexionamos en la historia en estos misioneros y misioneras que en plena expansión de la industrialización y el modernismo pudieron dedicar sus talentos, recursos e intereses en su propio beneficio y enriquecimiento debemos reconocerles como sal de la tierra y luz en medio de las tinieblas. Fueron estos los que expandieron el mensaje del Evangelio a todo pueblo y nación, quienes aún hoy son admirados e imitados, aunque hoy día la historia mundial haya cambiado.</p>
<p><span id="more-19"></span>Los misioneros y misioneras del siglo XIX reaccionaron a su historia, a su tiempo, a las necesidades de su contexto y por lo tanto las soluciones y acciones de estos héroes de la fe no son necesariamente la respuesta que “el mundo” busca ante las necesidades y retos que nuestra historia nos plantea. Vivimos en una sociedad, en una isla en dónde la mayoría de las personas, si no la totalidad, han escuchado de una u otra forma el Evangelio de Cristo. No sólo eso, una cultura que se ha desarrollado en el catolisismo, ha encontrado progreso en el protestantismo y ha producido nuevas vertientes del cristianismo cada vez más creativas y contextuales. Al puertorriqueño promedio no le molesta afirmar que vive en “La Isla del Cordero”.</p>
<p>No obstante, los valores están en decadencia, la fe se ha vuelto una empresa lucrativa y un recurso para el entretenimiento; conciencias anquilosadas mueven la política bajo intereses superficiales que han estancado el gobierno y han perdido la credibilidad del pueblo. Los medios de comunicación son una empresa poderosa que no tiene temor ni temblor en fomentar una ola de suicidios como recurso para sacar provecho del terror televisivo y de la crisis mental de nuestro país.</p>
<p>En este contexto: ¿Qué nos llama a realizar nuestro espíritu misionero? Hay quien ha optado por buscar a los más necesitados del exterior y mirar con piedad a los pobres en África, hay quien opta por levantar campañas en contra de la “depravación sexual” o por sedarse mediante los cultos de adoración. A esto hay que preguntarse ¿Quién atiende la necesidad de las masas?</p>
<p>El cambio social radical que trajo la revolución industrial con sus auges de progreso, sus ideas evolucionistas también trajo un alto costo social. Dada esta situación, las iglesias fueron desarrollando la escuela dominical, con el propósito de alcanzar a las personas que desconocían los medios tradicionales de enseñanza cristiana y para remediar los males sociales, alcanzando a las masas pobres y analfabetas. La escuela dominical cobró importancia y se hacía relevante para las comunidades desventajadas de la sociedad. Tanto fue así que se convirtió en la prioridad sobre el culto en algunas iglesias. Más tarde las escuelas dominicales se volvieron práctica común de casi todas las iglesias protestantes en América y Europa. Por la misma necesidad, a mediados del siglo XIX se trajo de Europa la YMCA y YWCA con servicios y programas religiosos, de recreo y educativos pertinentes y oportunos. Además la fundación de un sin número de sociedades con el fin de llevar el evangelio y suplir las necesidades de la época.</p>
<p>Como cristianos del siglo XXI hemos heredado la historia y las instituciones que muchas veces se sustentan con el recuerdo del pasado. Los miembros de las iglesias que se interesaban por las misiones, hoy día no tienen tanto dinero para compartir con el prójimo o no tienen tanto interés. ¿Será que necesitamos replantearnos la historia para reconocer las necesidades vitales de las masas precariedad?</p>
<p>Hoy día la solución de las escuelas bíblicas no es práctica para los intereses del pueblo, aunque permanezca siendo una necesidad imperante. En la época en que las masas buscaban conocimiento, las escuelas bíblicas fueron luz y sal de la tierra. Hoy día, cuando el pensamiento general es que el razonamiento puede ser muy subjetivo, las masas buscan una experiencia, un encuentro emocional, espiritual y personal con el Creador.</p>
<p>Quizás las iglesias históricas permanecemos enamoradas de nuestras historias épicas, de nuestras instituciones y nos hemos desenfocando de la razón de ser de estas. Hay un pueblo clamando por la necesidad de sana doctrina, al punto que la iglesia se ha convertido en un lucrativo negocio que suple la demanda del “marketing”. ¡Hay necesidad! Nos sigue costando tanto dejar a un lado la pompa del pasado que no volverá, que nos hemos convertido en lujosos templos vacíos en dónde ser proclama la sana doctrina a los tallados bancos y a los nietos de los héroes y heroínas de la fe. Hace falta disposición para sazonar nuestra herencia con una praxis contextual del Evangelio, creatividad para traducir la Palabra al idioma de los nuevos tiempos y flexibilidad que nos ayude a enfocar nuestra empatía por quienes tienen una historia, unos intereses y unas necesidades distintas a las nuestras.</p>
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